Daniela Alejandra Sánchez Hernández, de 26 años de edad. Una mujer empática a la que le gusta ayudar sin recibir nada a cambio. Le gusta transmitir buena energía, es muy positiva y siempre da la mejor vibra. Hoy Alejandra es jugadora amateur. Llegó al fútbol profesional, cargó dudas, lloró su retiro y entendió que la felicidad no estaba solo en la élite: estaba en los dos campos. Por eso siguió donde, en algún momento, ella misma dijo: «ahí me enamoré del fútbol»
Bienvenida, Alejandra, a este espacio con Fémina Football.
Alejandra: Gracias a ti. Nunca llegué a pensar que iba a ser entrevistada, y más por un medio que llevo siguiendo desde hace mucho tiempo. Tengo una gran admiración por las personas que están ahí y por el trabajo que hacen por aquel deporte que nos apasiona: el fútbol femenino.

Cortesia: Alejandra Sanchez, Femina Football.
¿Alejandra, hay alguna jugadora que admire? Y si la llegara a ver, ¿qué le diría?
-Siempre me ha gustado ver a Marta. Para mí fue un ejemplo. Y le diría que siento mucho respeto y admiración por todo lo que ha logrado, tanto a nivel deportivo como profesional.
¿Qué fue lo más difícil de sus inicios en el fútbol?
-Todo empezó con mis hermanos. A mi familia siempre le ha gustado el fútbol. Mi mamá iba al estadio. Desde los siete años juego fútbol y empecé jugando solo con hombres. Fue un proceso largo y difícil por el tema del rechazo. Yo salía con mis hermanos a los parques y quería jugar, y me decían: “No, porque eres una niña”. Eso me hacía sentir muy mal. Yo decía: “¿Pero qué hay de malo en que a nosotras nos guste jugar? Es fútbol, no nos hace menos”. Entonces crecí con ese ambiente y para mí se fue formando un reto: “Si a mí me gusta, ¿por qué no hacerlo e intentarlo?”.
Yo acompañaba a mi hermano mayor a jugar. Él jugaba mucho, entonces nuestros planes eran salir todos los domingos a ver partidos, a verlo jugar. Mi mamá me llevaba a verlo. Así fue como ME ENAMORÉ DEL FUTBOL y decía: “Yo quiero esto”. Luego empecé a jugar sola en mi casa, veía videos y me hacía unos pequeños entrenamientos.
¿De quién recibió el apoyo para continuar?
-Mis papás me apoyaron. Ellos me decían: “Usted creció con talento”. Como te contaba, jugaba desde muy pequeña y cuando jugaba me pasaba a los hombres, y eso los hacía sentir molestos. Tengo un buen dominio del balón y me grababan, y eso me empezó a gustar más. Mis papás vieron el talento ahí. Mi mamá me apoyó y mi hermano dijo: “¿Y por qué no la ingresamos a una escuela de fútbol?”.
¿Alejandra tiene o tenía algún sobrenombre?
-Ahorita no, pero cuando era más niña me decían “Ronaldinho”, porque jugaba muchísimo. Era campeona de todo. Me veían y me decían: “Uy, allá viene Ronaldinho”. ¿Qué sentía cuando le decían así? -Brutal, porque era pequeña. Al investigar sobre el tema del fútbol masculino, cuando vi quién era Ronaldo, dije: “Es este hombre”. Y vi algo bueno en mí. ¿No le molestó la diferencia de género? ¿No le incomodó? -En su momento no, pero sí influyó cuando fui creciendo.
Empezó jugando con hombres y llegó lejos. ¿Qué la mantuvo ahí pese a todo lo que le decían?
-Felicidad, porque no creía todo lo que estaba pasando. Esa fuerza masculina formó una Alejandra enfocada a pesar de los obstáculos. Fue un gran reto, como te comentaba.
¿Cuál fue esa escuela o cancha a la que llegó primero, y qué recuerda de aquel proceso? -Mi hermano del medio, por decirlo así, entrenaba en una escuela de barrio y ahí entrenaban chicas. Él me dijo: “No, pues vaya a entrenar con el profe Elkin”, se llama él. Hasta el día de hoy sigue con su escuela. Cuando llegué, yo ya sabía muchas cosas por lo que entrenaba sola. Sola, empíricamente aprendí. Ahí duré un año, y me jaló otra escuela porque me vio jugar. Y, de hecho, al jugar bien siempre estuve becada y habían acuerdos. Esa nueva escuela era muy cara para mis papás, entonces me dieron la oportunidad de estar también becada allí.
Esa escuela se llama Madrid Fútbol Club. Duré un año, jugué torneos con más nivel.

Cortesia: Alejandra Sanchez, Futbol Local.
Cuando recibía esos apoyos económicos, ¿Qué pasaba por su mente en ese momento?
-Una felicidad muy grande, porque yo quería llegar a ser esa futbolista profesional. Aprovechaba todo lo que la vida me daba y, cuando llegaban esas oportunidades, me enfocaba aún más.
¿Cuánto dura el proceso en las escuelas, entrenamientos fuertes, hasta decir “me siento lista para dar un salto al fútbol profesional?
-En la escuela que te nombraba, eso del 2018, si mal no estoy, jugamos contra Santa Fe, contra un equipo grande femenino. Era lo mejor. El árbitro me dijo: “Yo tengo unas convocatorias para que vaya y se presente”.
Él me pasó las convocatorias. Me senté a hablar con mi mami y le comenté que habían salido unas convocatorias, pero que cuesta esto para presentarme a la cantera con el Club Envigado. “¡Intentemos, por favor!”, le dije. Y ella me contestó de una. Nos fuimos a la sede que queda por la vía Cota.
Hice las pruebas. El profesor me llamó, me preguntó mi nombre para ratificar, y la primera pregunta fue: “¿Tú crees que tienes el presupuesto para estar acá?”. “Es que saliste seleccionada, pero acá es muy caro, por eso te pregunto”.
Llegué donde mi mami y le dije que tenía una buena y una mala noticia. Le expliqué que estábamos con muy bajos recursos para estar en el equipo, y agradecí por los esfuerzos que había hecho. Pero la buena era que había quedado seleccionada para el equipo profesional femenino de Envigado Fútbol Club. Esa mujer se puso a llorar, me apoyó, y ahí, en ese momento, les dije que los iba a sacar adelante, entre otras cosas.
Llevé mis papeles, se compró la póliza, empecé con todo lo profesional. En esos momentos entré a otro mundo. Yo no sabía que existía una fisio, un asistente de DT, un preparador físico. Empecé a asimilar mi buen camino. Mi mamá me compró todo, se endeudó, y yo veía todo y decía: “¡Qué chimba todo esto!”. Ganábamos. Ahí conocí la Liga de Bogotá, jugar Liga y estar con todas las chicas con las que en algún momento me vi lejos.

Cortesia: Alejandra Sanchez.
¿Qué era lo que más le gustaba de estar ahí, en un campo profesional?
-El ritmo profesional que empecé a llevar, Lu. Me cuidaba mucho: a comer bien, dormir bien, entrenar. Evitaba las salidas porque sabía que los fines de semana era para jugar, para entrenar, siempre con el objetivo.
¿Cuánto duró con el Club Envigado y luego qué pasó?
-Duré dos años. Aquí entro con el tema de la Liga: para ese año los equipos debían tener equipo femenino, obligatorio.
El Club Tigres abrió convocatoria y pasé. Aquí fue curioso porque ahí era más económico todo. Le conté a mi mami y mi mamá fue como: “Ya no te puedo colaborar más”. Sentí un peso tan duro, pero debía encontrar una solución.
Tuve la oportunidad de dialogar con el gerente, Daniel. Él creía mucho en nosotras y en el equipo. Yo no podía seguir por temas económicos. La solución fue trabajar con ellos en el tema de utilería. Mi horario era de once de la mañana a cuatro de la tarde, y de cuatro a seis entrenaba, y esto era todos los días.
Cuando te dije que aquí llegó un peso duro, fue porque no empecé a rendir como antes: el colegio, el trabajo y finalizar el día entrenando. Me fui desgastando. Ya en lo físico me costaba, pero en lo técnico rendía muy bien. Fui la mejor asistidora de Laura Cristiano, ella fue jugadora de Orsomarso Yumbo FC en una temporada.
Cuando empecé con Tigres, jugábamos en el Estadio Olaya y conocí a las jugadoras profesionales. Como la liga era tan corta, ellas necesitaban seguir teniendo competencia, entonces hacían sus equipos. Tuve la oportunidad de jugar en contra de Camila Reyes. En lo personal la admiro mucho, qué mujer tan humilde, una calidad completa. Conocí a Viviana Acosta, Diana Celis, Vanessa Córdoba, mujer que admiro por la manera que ha luchado por nuestro futbol, Ivonne Chacón, Lizeth Aroca… se me escapan muchas, pero para mí fue un sueño y un momento especial. Demostrarles mi talento fue muy significativo. Me hubiese gustado jugar con ellas en los equipos grandes. Terminó pandemia y me retiré.

Cortesia: Alejandra Sanchez, Club Tigres.
¿Cuánto duró con el Club Tigres y cuál fue el factor de su retiro?
-Duré como tres, cuatro años. Fue la mejor experiencia de mi vida. Aprendí muchas cosas, me volví más canchera, aprendí las mañas futboleras, una locura.
Mi retiro fue por desmotivación. Primero, lo económico. Fui perdiendo la inspiración. Veía las noticias y que el fútbol femenino no estaba dando. La muerte de mi hermano también influyó. Y al parecer me metí en mi cabeza que ya estaba vieja. Debí debutar por lo menos a mis 23 años y no pude. Se convirtió en mi sueño frustrado. Pero me siento muy contenta que muchas de las jugadoras con las que pude compartir están lejos. Tuve tusa futbolera y lloraba mucho, para mí lo era todo.
¿Cómo sanó esa tusa futbolera?
-Todavía la sigo teniendo, pero no como antes. Al principio fue muy duro porque me recalcaba lo que decían cuando jugaba: que yo iba a ser muy grande en el fútbol, que me querían ver en Nacional. Y hoy en día me lamento de no haber seguido. Con el tiempo todo va sanando, despacio pero se puede.
¿Cuál fue la reacción de su familia al saber que no quería seguir?
-A mi mamá le dio mucha tristeza porque ella estuvo desde el día uno. Me respetó la decisión, pero me dijo que lo pensara. Mi hermano sí me dijo que no me retirara, que él me pagaba todo, que si quería un entrenador personal. Hicieron lo posible para que yo siguiera, pero algo entró en mí que yo no quería seguir jugando.
Además, Lu, para nadie es un secreto que en el fútbol femenino también hay rosca.
Cortesia: Alejandra Sanchez, Club Tigres.
¿Alejandra, cómo sigue viviendo el fútbol?
-Ahorita, por temas laborales, no sumo mucho, pero veo partidos de la Liga colombiana, tanto femenino como masculino. Me gusta mucho el fútbol europeo. Cuando son partidos de la Selección me gusta analizar. En estos momentos de mi vida ya soy amateur y acompaño a dos equipos.
Hago parte del equipo de género de las barras, que es con Bogotá Verdolaga.
¿Cómo llegó al proyecto?
Yo pertenezco a un combo de la filial Los del Sur Bogotá. El vocero me dijo: “La barra tiene este proyecto con las chicas. La idea es fortalecer el grupo de género. Se va a entrenar estos días. Vaya, que usted tiene talento”.
Fui, me gustó, y lo que me encanta es el empoderamiento femenino que estamos construyendo.
¿En qué posición juega?
-Delantera. Y también me gusta construir. ¿Volvió a sentir confianza? -Esta pregunta me pone nostálgica. Me acuerdo mucho del pasado, porque en los dos equipos confían mucho en mí por mi manera de jugar y por tantas cosas. Dudo de mí. Creo que son secuelas que dejó el pasado.
¿Qué momentos especiales ha tenido con el grupo de género?
-Me motiva mucho el reconocimiento que hay en los torneos, con medallita y todo. Uno de los más bonitos fue cuando tuvimos el Interbarras en La Concordia, eso queda en el centro de Bogotá, y le dimos la vuelta al marcador. Ganamos la final contra las chicas de Santa Fe.

Cortesia: Alejandra Sanchez.
Con el otro equipo juego en la misma posición. Una amiga me llevó y, cuando puedo colaborar, ahí estoy: fútbol de barrio.
¿Qué enseñanza le deja jugar con otras mujeres pertenecientes a otra barra?
-¡Oh, Lu! Es difícil explicar eso. Se siente con mucha adrenalina, pero siendo sincera, cuando estoy en esos momentos debo controlar las emociones. Es un reto chévere porque nosotras jugamos duro. Es bueno sacar eso en un partido de fútbol y no generando violencia.

Cortesia: Alejandra Sanchez.
¿Para usted qué significa el fútbol de barrio?
-Es mi mejor recuerdo… los planes de fin de semana. El fútbol de barrio es ver talentos que uno dice: “Dios mío, entretiene más ver un partido del barrio que uno profesional”. Es jugada por acá, por allá. Las ganas que se ven es impresionante. La euforia se vive al 100%.
¿Qué se siente volver a jugar fútbol de barrio, y ya no con hombres, sino con mujeres?
-Cómo la vida cambia. Y va a sonar raro, pero yo digo: “¿Qué hago jugando con mujeres?” cuando todo mi ambiente fue masculino. Y me siento muy orgullosa porque los hombres ya han podido normalizar un poco más ese tema. Ahora hacemos equipos mixtos o los mismos hombres me llaman para jugar con ellos en algún torneo. Y cuando estoy por ahí, se me acercan a decir: “La hemos visto jugar y juega muy bien”. Lu, en tiempos aquellos no se veía eso, y se siente muy bacano.

Cortesia: Alejandra Sanchez.
¿Qué mensaje le deja a todas esas niñas que van en camino?
-El fútbol femenino ha podido crecer, y yo me he dado cuenta. Claro que faltan muchas cosas, pero es una lucha de todos los días. No hay que dejar de persistir. Los sueños sí se pueden cumplir. Que aprovechen todas las oportunidades que puedan.
¿Y en lo mental?
Es complejo. La mentalidad es muy fuerte, pero mi mejor consejo es: siempre vean las cosas con positivismo. Que si no se dieron, listo, en otro lado será, pero no abandonar, porque quizás las cosas no son tan malas como las pensamos. Siempre tener una buena disposición, una buena energía y siempre levantarse ante una derrota.
¿De quién le hubiese gustado escuchar estas palabras, Alejandra?
De mi hermano, porque este sueño era de los tres y no se lo pude cumplir.
Pero aquí estoy de nuevo. Quizá él me ayudó para volver a retomar y seguir con nuestro futbol y en el barrio.

Cortesia: Alejandra Sanchez.

