Por: Milagros Castillo @millycastilloofc. Cortesía: @japon1007.
Karen Torres es una futbolista bogotana a quien todos conocen como “Japón”, un apodo que la acompaña desde la infancia y que hoy se ha convertido en parte de su identidad dentro del deporte. Actualmente defiende los colores de Llaneros FC, pero su historia comenzó mucho antes, en las canchas de barrio de Bosa, donde una abuela comprometida con sus sueños hizo hasta lo imposible para que nunca dejara de jugar.
Entre sacrificios económicos, entrenamientos con niños, convocatorias inesperadas y una pasión enorme por el fútbol, Karen construyó un camino que la llevó a debutar profesionalmente con Santa Fe, representar a Colombia en fútbol sala, disputar la primera Copa Mundial Femenina de Futsal de la FIFA y proyectar su carrera hacia Europa.
En Fémina Football conversamos con esta figura sobre sus recuerdos y sueños.
Fémina Football: ¿De dónde nace ese apodo de Japón?
Japón Torres: Cuando era chiquitica, resulta que yo tenía un poquito los ojos más chiquitos y mi mamá me peinaba. Me apretaba como un pollito, entonces un amigo ahí del barrio empezó a decir que mi apodo sería Corea, otro que Tokio y finalmente quedó Japón.
F.F.: ¿Desde cuándo juega fútbol y cómo nació esa pasión?
J.T.: Desde los 8 años. A mí siempre me ha gustado el fútbol, teníamos un parque cerca a la casa y yo salía con mis amigos. Incluso yo cogía las muñecas, les quitaba las cabezas y las pateaba. Al principio mis amigos medio obligados me dejaban jugar, pero entonces se dieron de cuenta que yo jugaba muy bien y luego me dejaban jugar normal con ellos.
Su abuela como apoyo incondicional
Detrás de cada paso que dio Karen Torres en el fútbol hubo una figura incondicional: su abuela. Ella fue quien la llevó a los entrenamientos, consiguió los recursos para pagar la escuela y la impulsó a seguir. Hoy, cada logro de “Japón” también lleva la huella de esa mujer que apostó por ella desde el primer día y que convirtió el apoyo familiar en el motor de una carrera profesional.
J.T.: Yo hablé con mi abuela para entrenar con Puma Real. Ella me llevaba, me pagaba la escuela y siempre me apoyó. Desde ahí empecé a jugar ya un poquito más serio.

F.F.: ¿Cómo consiguió sus primeros guayos?
J.T.: Yo no tenía muy buenos recursos. Entonces mi abuela se rebuscaba mucho. En ese momento, la mensualidad Puma Real valía 40.000, pero esa cantidad era difícil de conseguir. Entonces el profe se dio cuenta de que yo jugaba bien, y nos dejó el precio a 20.000.
Un día, la jefe de ella fue a Estados Unidos y me trajo un par de guayos. Con esos jugué años.
F.F.: ¿Cómo llego al futsal?
J.T.: Con las muchachas que jugaban ahí en la escuela, íbamos a jugar micro en una cancha cerca del barrio. Empecé a jugar micro y un día una amiga me invitó a jugar contra la selección Bogotá profesional y yo les dije: “Ay, no”.
Fui por la recocha y dio la casualidad de que conocí al profe Edwin Chaparro, él asistente de la Selección Colombia, y luego conocí a Frank Gómez, el asistente de la selección Bogotá. Ellos me vieron y el profe Frank se me acercó y me dijo que si quería ir a entrenar a la Bogotá.
Yo le dije que no. Entonces el profe Edwin se me acercó y me dijo que fuera una semana y que si no me gustaba, que no volviera, pero que si me gustaba, pues que me quedara.
Yo fui esa semana; el equipo era muy bueno, jugadoras muy buenas, jugadoras de selección; me gustó y me quedé.
F.F.: ¿Cómo fue su debut en la Liga Femenina Profesional?
J.T.: Fue superfeo el debut porque tenía miedo e íbamos perdiendo en el Campín, una cancha tan importante, tan grande, ¿no?
Sin embargo, me felicitaron, me dieron la bienvenida al fútbol profesional y mi abuela muy feliz.
F.F.: ¿Cómo reaccionó su abuela con ese debut?
J.T.: Estaba feliz, había logrado el objetivo, todo había valido la pena.
Muchas veces quise dejar de jugar y ella fue la que estuvo ahí para decirme “no se me vaya a rendir”.
F.F.: ¿Cómo fue su experiencia en el mundial?
J.T.: Terminó la Copa América y me fui a jugar a Ecuador.
En Ecuador quedé subcampeona en sala y, gracias a Dios, gracias al profe y a todos, fui al mundial.
Tuvimos un buen mundial; yo considero que fue un buen mundial y ya en el 2026 tengo acercamiento con el profe Villa, el de Llaneros”.
Un nuevo reto en Villavicencio
Tras consolidar su experiencia en el fútbol profesional y representar a Colombia en el fútbol sala, Karen Torres encontró en Llaneros FC una nueva oportunidad para seguir creciendo.
Allí, “Japón” ha encontrado un ambiente de confianza, estabilidad y respaldo que le ha permitido disfrutar nuevamente de su juego y aportar su experiencia al grupo.

La mirada puesta en Europa
Aunque valora cada etapa de su carrera, Japón Torres sueña con llegar al fútbol europeo, competir en escenarios de mayor exigencia y demostrar el talento colombiano en el exterior.
Más allá del fútbol
Fuera de las canchas, Japón Torres también proyecta su futuro como una herramienta para generar impacto social. Entre sus intereses están los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), especialmente aquellos relacionados con el bienestar animal, la construcción de comunidades más inclusivas y el acceso a oportunidades para poblaciones vulnerables. Su deseo de crear una fundación y liderar proyectos sociales refleja una visión que trasciende el deporte: utilizar la visibilidad y las experiencias quele ha dado el fútbol para contribuir a causas que mejoren la calidad de vida de otras personas.
J.T.: “Tengo un proyecto que es impulsar la ayuda a los animalitos y en un futuro poder tener un patrocinio de comida y alimentos para poder ir a darla a perritos que están en la calle. Respecto a las infraestructuras me gusta mucho lo que es la cosa de los terrenos. Me gustaría generar viviendas.

