Manoly Baquerizo: Resiliencia, ciencia y el camino a la élite española

Entrevista con Fémina Football, más allá del fútbol: la capitana de la Selección de Ecuador que conquistó España sin perder su esencia, su pasión científica y su sueño mundialista.

Por Tomás Rouge (@tomas.rouge_ok) / Foto de portada: Selección de Ecuador.

El fútbol femenino en Latinoamérica atraviesa una era de transformación y visibilidad, un camino pavimentado por jugadoras que, como Manoly Baquerizo, han tenido que desafiar estructuras, prejuicios y fronteras. Desde sus inicios en los torneos barriales de Guayaquil hasta su consolidación en la máxima categoría del fútbol español, la defensora ecuatoriana ha forjado una carrera marcada por la resiliencia, la capacidad de reinventarse y una pasión innegociable por representar a su bandera en los estadios más exigentes del mundo.

En esta entrevista con Fémina Football, conversamos con la actual capitana de la Selección Ecuatoriana sobre un recorrido que va mucho más allá de los 90 minutos. Analizamos su formación académica en biología en Estados Unidos, una etapa que le brindó el equilibrio mental necesario para gestionar la presión de la élite, su evolución táctica —de delantera a lateral aguerrida— y la convicción absoluta que la llevó a visualizar su llegada a España, donde hoy es una pieza clave en el Granada. Manoly nos abre las puertas de su memoria, desde los sacrificios familiares hasta el sueño mundialista que hoy, con la Tricolor, busca materializar con la determinación de quien sabe que el éxito es el resultado de un trabajo incansable.

Los cimientos: De Guayaquil a la cima

—Manoly, quiero empezar por los cimientos. Tu carrera no tuvo un inicio convencional. ¿Cómo conviven en tu memoria el miedo a que te dijeran que no y el alivio de tener el respaldo de tu familia?

—Fue un mix de todo eso. Al comienzo, nadie quería que me metiera en este mundo. Era muy pequeña y, en ese entonces, el fútbol femenino no existía en los medios; era un terreno dominado por hombres. Yo soy muy cabezona: cuando quiero algo, presiono hasta conseguirlo. Mi madre fue quien convenció a mi padre de que esto era lo mío. Mi papá fue clave: puso el dinero, compró los uniformes y los zapatos, y nos inscribió en el campeonato barrial del Universo. Jugaba con niños de bajos recursos y lo que más recuerdo es la pureza del juego. Disfrutaba muchísimo, sin la presión que conlleva el profesionalismo actual.

—Tu despegue formal llega en 2014 con Rocafuerte. Tenías 16 años y te rodeabas de las grandes figuras de la época, como «Gigi» Moreira. ¿Qué fue lo más duro de asimilar en ese entorno?

—Fue mi bautismo de fuego. Rocafuerte era, en esencia, la Selección de Ecuador. Recuerdo llegar al entrenamiento en la camioneta de mi madre y sentir las miradas de todas las referentes. Pensaban: «¿Esta niña qué hace aquí?». Pero en las primeras jugadas, al meter cuerpo y mostrar mi carácter, la percepción cambió. Yo vivía en Salinas y entrenaba en Guayaquil, así que mi logística era compleja; viajaba constantemente. Wendy Villón me hizo debutar y, aunque al principio no tenía continuidad, la Copa Libertadores fue mi gran oportunidad: cuando las titulares no estaban, asumí el rol y pude mostrarme internacionalmente. Ahí aprendí que, para las que queremos ser grandes, el momento no te espera; tienes que ir a buscarlo.

Los cimientos de una carrera: En sus inicios con Rocafuerte, Manoly Baquerizo comenzó a forjar el carácter y la competitividad que hoy la definen. Entre sus primeras experiencias en el fútbol profesional, aprendió a ganar su lugar rodeada de referentes que marcaron su camino (Foto: Instagram de Manoly Baquerizo).

El «salto» americano: La ciencia como ancla

—Muy joven te fuiste a Estados Unidos. Allí no solo jugaste, sino que te graduaste en Biología. ¿Cómo te ayudó la ciencia a procesar tu carrera deportiva?

—Fue una decisión tomada tras un golpe muy duro: quedar fuera de la lista para el primer Mundial de la selección. Tenía 16 años y la presión me había superado, no me sentía a la altura. Necesitaba un cambio de chip y Estados Unidos fue la respuesta. Me enfoqué en la biología porque siempre fui curiosa; me encanta la ciencia. Eso fue fundamental porque, como futbolista, a veces pones toda tu energía en un resultado que no depende solo de ti. Tener una carrera universitaria me dio un colchón, me quitó la ansiedad y me permitió disfrutar del fútbol de nuevo. Recuerdo decirle al presidente del departamento de atletismo: «En dos años voy a ser futbolista profesional en España». Soy muy de visualizar lo que quiero, y apenas me gradué, vine a España.

—¿Qué dejaste atrás de la Manoly de Guayaquil para sobrevivir a ese choque cultural?

—La autogestión. En Ecuador, aunque comemos excelente, no me preocupaba por cocinar. Al llegar a Estados Unidos, me enfrenté a una alimentación totalmente diferente y tuve que aprender a nutrirme correctamente para rendir. Aprendes a ser independiente, a mantener tu espacio limpio y a entender que todo depende de ti. Fue un proceso de maduración acelerada.

Equilibrio y disciplina: Durante su etapa en Estados Unidos, Manoly encontró el balance perfecto entre su formación académica en biología y la exigencia deportiva. Este periodo fue el punto de inflexión necesario para madurar y visualizar el sueño que hoy vive en Europa (Foto: Instagram de Manoly Baquerizo).

La metamorfosis táctica y el «Manicomio» de Cáceres

—Te vimos transitar de ser una delantera goleadora a un rol más defensivo. ¿Cómo fue ese cambio?

—Fue una transición natural. Como soy zurda y poseo un carácter intenso y agresivo en el campo, los entrenadores me fueron ubicando como lateral izquierda. Me convertí en una jugadora «box-to-box». Me gusta tener presencia defensiva, pero también me encanta sumarme al ataque. Ese perfil híbrido, de defender con agresividad y atacar con criterio, es lo que me mantiene en la élite.

—Tu desembarco en España fue en el Cacereño, un club con una personalidad muy marcada.

—El Cacereño fue mi escuela de «guerrilla». Aprendí a competir contra equipos con más nombre. Todos tenían miedo de ir a jugar a Cáceres; ahora le llaman «el manicomio», y es por lo difícil que es ganar ahí. Luego, en el Deportivo Alavés, vivimos el otro lado de la moneda: un equipo de calidad, unas instalaciones increíbles, una temporada invicta de 14 partidos que apuntaba a gloria. Perder el ascenso en los últimos minutos del playoff contra el Cacereño fue una herida profunda, un sueño que se escurría. Pero ahí aprendí a gestionar la frustración. Gracias a esa temporada, me llegó la oferta del Granada, lo que me permitió cumplir el sueño de jugar en Primera División.

La Selección y el desafío de ser capitana

—Hoy representas a Ecuador con la cinta de capitana. ¿Qué implica este rol, considerando que heredaste, en parte, el vacío de la «eterna» Gigi Moreira?

—Es un honor inmenso. Somos cuatro capitanas y, siendo tan emocional como soy, liderar este grupo me llena de orgullo. Gigi es mi referente, es la capitana que todas respetamos, y sigo esperando que vuelva para devolverle su cinta. Sin embargo, mi rol hoy es ser un ejemplo para las más jóvenes. Cuando una jugadora de 20 años me mira y me dice «capi, confío en ti», entiendo que mi recorrido ha valido la pena.

—¿Qué balance haces de la Copa América en casa y el momento actual de la Tricolor?

—La Copa América nos dejó un sabor semidulce por el resultado, pero nos regaló la conexión con la hinchada. Ver 15.000 personas en el estadio, tener que abrir paso entre la gente para que mi madre pudiera llegar a su asiento… eso es impagable. Es el Ecuador que quiero ver. Ahora, con la Liga de Naciones, seguimos en carrera. El partido contra Perú fue un respiro, un triunfo sufrido que demostró la garra de este equipo. Estamos a un paso, y si le ganamos a Argentina, el repechaje es nuestro. Ese es mi gran sueño: volver a un Mundial.

—Manoly, hoy estás consolidada en Granada, marcando goles decisivos. ¿Sientes que este presente justifica cada lágrima y cada sacrificio en la distancia?

—Definitivamente. Al llegar a primera, tenía dudas sobre mi adaptación, pero el cuerpo técnico me dio libertades tácticas que explotan mis virtudes. Cuando marqué el gol ante el Athletic de Bilbao, o cuando me lancé de «palomita» ante el Sevilla, sentí que todo encajaba. Hubo días muy difíciles, de mucha soledad y duda, pero hoy, al mirarme al espejo y ver que compito de igual a igual contra los mejores equipos de España, sé que cada viaje en solitario y cada entrenamiento bajo presión valieron la pena. Estoy donde quería estar.

Consagración en la élite: Hoy, consolidada en el Granada y convertida en una referente de liderazgo en la Selección Ecuatoriana, Manoly Baquerizo disfruta de un presente que justifica cada sacrificio y cada paso dado en solitario (Prensa: Granada CF).

Mira la entrevista completa con Manoly Baquerizo en Fémina Football

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