Mucho antes de que los estadios abrieran sus puertas al fútbol femenino y las selecciones nacionales fueran reconocidas oficialmente, hubo mujeres que tuvieron que enfrentarse a prejuicios, prohibiciones y humillaciones simplemente por querer jugar. Carmen Arce y María Ángeles Pérez «Quilla» son parte de esa historia que hoy vuelve a cobrar vida a través de la película Pioneras: Solo querían jugar.
Por: Karen Luna – kdlc2 / Foto de portada: RRSS larevuelta_tve
Las mujeres que jugaron cuando nadie quería verlas jugar
Hoy el fútbol femenino ocupa portadas, llena estadios y genera conversaciones en todo el mundo. Pero llegar hasta aquí no fue un camino sencillo.
Mucho antes de los contratos profesionales, las transmisiones televisivas o los grandes torneos internacionales, hubo mujeres que tuvieron que defender algo tan básico como su derecho a pisar una cancha.
En la España de los años setenta, hacerlo significaba desafiar una estructura social que consideraba el fútbol un deporte exclusivamente masculino.
Entre aquellas mujeres estuvieron Carmen Arce, conocida futbolísticamente como «Kubalita», y María Ángeles Pérez «Quilla», dos de las integrantes del primer equipo de fútbol femenino español, quienes recientemente compartieron su historia en el programa televisivo La Revuelta con motivo del estreno de la película Pioneras: Solo querían jugar.
Su relato no es únicamente una mirada al pasado.
Es también un recordatorio de cuánto costó conquistar cada espacio que hoy parece natural.
Jugar en silencio para no desaparecer
Las pioneras del fútbol femenino español crecieron en una época donde las oportunidades simplemente no existían.
No había ligas reconocidas, estructuras deportivas ni respaldo institucional.
Por el contrario, existía rechazo.
El fútbol practicado por mujeres era cuestionado, invisibilizado y, en muchos casos, ridiculizado.
Las propias protagonistas recordaron durante la entrevista cómo distintas instituciones intentaron frenar el desarrollo de la disciplina mediante argumentos que hoy resultan difíciles de imaginar.
Según relataron, durante aquellos años llegaron a difundirse teorías que sostenían que jugar fútbol podía afectar la maternidad de las mujeres, una narrativa utilizada para justificar la exclusión femenina de los espacios deportivos.
Mientras los hombres encontraban respaldo y estructuras organizadas, ellas debían conformarse con seguir jugando casi desde la clandestinidad.
Porque abandonar nunca fue una opción.

El fútbol como resistencia
Lo que para muchas personas era simplemente un deporte, para aquellas futbolistas se convirtió en una forma de resistencia.
Cada entrenamiento, cada partido y cada desplazamiento implicaban desafiar normas sociales profundamente arraigadas.
No jugaban por reconocimiento.
No jugaban por contratos.
No jugaban por fama.
Jugaban porque amaban el fútbol.
Y porque creían que las mujeres también tenían derecho a ocupar ese espacio.
Esa convicción permitió que, poco a poco, el fútbol femenino comenzara a abrirse camino en España hasta alcanzar un momento histórico en 1980, cuando la Real Federación Española de Fútbol reconoció oficialmente a la selección femenina.
Un paso que llegó después de años de lucha silenciosa.

Una película para recordar a quienes abrieron el camino
La película Pioneras: Solo querían jugar, dirigida por Marta Díaz de Lope Díaz y estrenada en cines el 5 de junio, rescata precisamente esa memoria colectiva que durante mucho tiempo permaneció olvidada.
Más que una producción deportiva, se presenta como un homenaje a una generación de mujeres que decidió desafiar las barreras impuestas por la sociedad para perseguir una pasión.
Una generación que ayudó a construir las bases sobre las que hoy se sostiene el fútbol femenino español.
Porque cada avance actual tiene una historia detrás.
Y muchas de esas historias comenzaron cuando nadie estaba dispuesto a escucharlas.

El legado de quienes jugaron para que otras pudieran soñar
Décadas después, España es una potencia mundial del fútbol femenino.
Las nuevas generaciones crecen observando referentes, disputando competiciones profesionales y soñando con llegar a las máximas categorías.
Sin embargo, ese presente no puede entenderse sin mirar hacia atrás.
Sin Carmen Arce.
Sin María Ángeles Pérez.
Sin las mujeres que aceptaron ser cuestionadas para que otras pudieran ser respetadas.
Su legado trasciende los resultados y las estadísticas.
Es el legado de quienes entendieron que algunas victorias se consiguen mucho antes de que ruede el balón.
Porque antes de ganar títulos había que conquistar un derecho mucho más importante:
El derecho a jugar.
Y ellas fueron las primeras en hacerlo posible.

